El sueño del bebé amamantado

Amamantar y colechar van de la mano, es una opción cómoda y agradable tanto para el bebé como para la madre. Me encanta la descripción “Rosca amorosa” para definir la postura habitual que se establece entre madre y bebé mientras duermen. Eloisa desde Una maternidad diferente nos trae resumenes geniales del congreso de lactancia que se está celebrando en Avila.

VI Congreso de lactancia: el sueño del bebé amamantado

En este VI Congreso de Lactancia Materna está habiendo un gran derroche de expertos internacionales. Una de las intervenciones que más me ha gustado fue la de Helen Ball, del Laboratorio del Sueño del departamento de antropología de la Universidad de Durhan (UK). No porque descubriera nada excesivamente nuevo o innovador, sino porque es una de esas veces en las que un experto viene a confirmar lo que muchos padres vienen haciendo espontáneamente durante años y años sin pedir ni necesitar para ello el beneplácito de los estamentos médicos o científicos. Aún así, nunca viene mal que científicos de esos con grandes títulos y batas blancas corroboren lo que los humanos llevamos sabiendo siglos de manera instintiva.

Me gustó porque Helen Ball entró “a machete” en el tema, con argumentos de peso: “Los lactantes no duermen igual que sus padres”, que parece una obviedad, pero en nuestra sociedad actual queremos que los lactantes tengan patrones de sueño de adultos y les “obligamos” mediante métodos de lo más variados a tener patrones antinaturales para los niños.

Y siguió la tralla: “Los bebés amamantados con lactancia materna y con lactancia artificial duermen diferente”. “Los despertares nocturnos frecuentes son normales y deseables en el bebé amamantado porque la leche materna se digiere más rápidamente y es normal que el bebé tenga hambre antes”… Llevo meses explicándolo, peeeeeeeeeero nunca viene mal poner estas palabras en boca de un experto (y además ¡¡¡internacional!!! que ya se sabe que las cosas dichas en inglés pesan mucho más😛 ).

El siguiente en entrar en escena fue el argumento del desarrollo cerebral (para los fans de Punset): el bebé humano nace con poco desarrollo neuronal y el cerebro sigue creciendo durante el primer año al mismo ritmo que lo hacía cuando el bebé estabe en el útero. Esto es un rasgo evolutivo del ser humano en comparación con el género de los primates y se relaciona con la bidepedestación y con el aumento de la capacidad cerebral… Y esto a que viene, pues a que el bebé necesita una “exterogestación” de aproximadamente un año… Por eso es antinatural tratar de buscar todos esos valores de “independencia” y “autonomía” en los bebés ¿Cómo los van a tener si el embarazo debería durar un año y nueve meses para alcanzar niveles de madurez cerebral similares a la que tienen el resto de los primates nada más nacer?.

Antes del siglo XX el colecho era frecuente, señaló Helen Ball y presentó una cita de un tal Dr. Conquest que afirmó que “el regazo de la madre es la almohada natural del recién nacido”.

En el laboratorio del sueño de su universidad, Helen Ball y sus colegas han realizado diversos estudios sobre el sueño que corroboran que el colecho es una opción más normal de lo que se piensa hoy en día, solo que la mayoría de los padres evitan hablar de ello. Además, el colecho es más frecuente entre los bebés amamantados. Las razones argumentadas por los padres modernos para “incurrir” en esta práctica son que:

  • facilita la lactancia materna.
  • permite disfrutar del contacto con el bebé
  • es una necesidad por falta de espacio
  • permite mitigar la ansiedad respecto a la salud o seguridad del lactante
  • es una costumbre familiar.

Las diadas madres-hijo duermen en una postura característica (que Diane Wiessinger denominó la “rosca amorosa” en su ponencia sobre el colecho del reciente curso sobre Temas de Vanguardia en Lactancia Materna) en la que la madre situa su brazo por encima del bebé y dobla sus rodillas por debajo del espacio que ocupa el recién nacido. De este modo:

  • el bebé tiene acceso y se orienta al pecho,
  • duerme alejado de las almohadas.
  • sus movimientos están restringidos por la madre.
  • la madre controla el peso de las sábanas.
  • nadie puede rodar sobre el bebé.
  • la madre comprueba constantemente la temperatura y la respiración de su hijo.

Además, está documentado que las madres que colechan tienden a mantener la lactancia materna durante más tiempo. En los resultados de un estudio realizado en hospitales, los bebés que duermieron en la cama con su madre o en una cuna en sidecar hicieron el doble de tomas nocturas con éxito que los que duermieron en una superficie separada. La madre que duerme alejada de su hijo se pierde un montón de oportunidades de lactancia durante la noche.

En cualquier caso, Helen Ball concluyó que a la hora de predecir las tasas de lactancia y el tiempo que se mantendría tenía mucho más valor predictivo el hecho de colechar en casa que el hecho de dormir o no con el bebé durante la estancia hospitalaria.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s