Sacaleches contagiosos

No hace falta comprar un sacaleches nuevo, puedes pedir uno prestado, comprar uno de segunda mano, Eloisa desde Una maternidad diferente, hace un concienzudo trabajo de investigación sobre los supuestos contagios a los que se verán sometidos los bebés, la conclusión es que es seguro usar un sacaleches de segunda mano.

Hay días que amanezco, vivo y me acuesto en un estado de alucine total por alguna cosa que he visto y/o leído que me deja, literlamente, anonadada. Obviamente, sigo con mi vida normalmente, pero es algo que no me puedo quitar de la cabeza. Me pasó hace ya un par de semanas cuando, charlando con una amiga por el chat de facebook, me comentó que había leído que no se debían comprar sacaleches de segunda mano porque podían ser medio de contagio de peligrosos virus, como el sida o la hepatitis.

Mientras hablaba con ella, corrí a googlear “sacaleches de segunda mano” y héteme aquí que el primer resultado ya hablaba de los peligros que acechan a las incautas mamás que por aprovecharse cuatro duros deciden comprar un sacaleches de segunda mano en un blog de productos de puericultura, citando a La Liga de la Leche. En resumen, las distintas páginas que alertaban sobre los peligros de los sacaleches de segunda mano venían a decir que:

Tanto los médicos como los fabricantes de extractores de leche consideran que no es una buena idea comprar o pedir prestado un extractor de leche usado. ¿Por qué? Porque en su interior podrían haber quedado retenidos virus y bacterias de la antigua dueña. Estos gérmenes pueden ser difíciles de eliminar incluso limpiando y esterilizando el aparato repetida y concienzudamente, lo que podría resultar peligroso para la salud de su bebé. Hay extractores de leche de uso hospitalario que están diseñados para ser utilizados por múltiples usuarias, cada una de las cuales empleará su propio conjunto de accesorios.

No fue difícil encontrar la fuente original (artículo de La Liga de la Leche) que podría haber dado origen a la mayoría de estas recomendaciones (aunque LLL cita a una institución sanitaria norteamericana) y múltiples páginas que citaban estos mismos peligros, pero todas ellas sin aportar datos serios de qué virus en concreto se podrían transmitir por la leche o estudios que hubieran documentado algún caso de transmisión de una enfermedad por esta vía…

A lo Colombo
Y me dije, pues los voy a buscar yo… Y eso sí que me resultó difícil, porque no encontré ninguna referencia durante varios días de búsqueda (en mis ratos libres, obviamente, no vayais a pensar que me tiré 72 horas seguidas buscando documentación). Así que me dije que a lo mejor esas recomendaciones “bienintencionadas” estaban basadas en suposiciones y creencias más que en datos contrastados y me decidí a buscar más datos sobre el virus más temible de entre los mencionados, el del sida.

Pues bien, el virus del VIH se trasmite como ya sabe la mayor parte del mundo, a través de relaciones sexuales de riesgo, o con jeringuillas, transfusiones, transplantes, etc. También está documentada la transmisión vertical (de madre a hijo) durante el embarazo o en la lactancia, pero no encontré ninguna referencia a infección por compartir un sacaleches… aunque sí encontré un texto que me dio una pista interesante:

Incluso un pinchazo accidental con una jeringuilla utilizada y abandonada se considera de riesgo casi nulo, dada la escasa viabilidad del VIH fuera del huésped.
(La infección por el VIH. Guía Práctica, editado por Consejería de Salud de la Junta de Andalucía)

Gota McGyver

Entonces, no entendía cómo si te pinchabas con una jeringuilla abandonada se podía considerar riesgo nulo (la jeringuilla que se impregna de sangre penetra en tu piel introduciendo los restos de sangre de la persona infectada) y una supuesta gota de leche que se hubiera alojado en el motor de un sacaleches sí que podía resultar peligrosa y contagiar a un bebé (en el hipotético caso de que esa gota McGyver llegara a tocar a nuestro bebé).

Me decidí, pues, a buscar información sobre la supervivencia del virus fuera del organismo y encontré une referencia en un encuentro digital de El Mundo en la que el doctor José Antonio Pérez Molina afirmaba que

“el tiempo que el VIH se mantiene vivo fuera del organismo se mide en minutos, más que en horas. Depende del tipo de fluido. El fluido que más concentra el virus es la sangre”.

Así que me resultaba tremendamente complicado “creer” a la vista de estos datos, que el virus se fuera a mantener vivo en una supuesta gota de leche en el motor de un sacaleches durante más tiempo que la sangre, pero, seguí investigando.

Viabilidad del virus
Las referencias se iban acumulando:

Riesgo de infectar del VIH fuera del organismo
Esta situación ocurre cuando una persona sufre un pinchazo accidental por ejemplo con una jeringa en un espacio público. El VIH tiene un riesgo de viabilidad muy limitado una vez que está fuera del organismo, ya que necesita una célula viva para replicarse y dependerá de las condiciones en que esté la sangre. El virus tendría posibilidad de infectar durante menos de 6 horas, ya que al secarse o coagularse pierde viabilidad.
(http://www.pmsida.gov.ar/prevencion/infeccion/infeccion2.htm)

Finalmente, me terminó de convencer un texto de una red de Centros para el Control de Enfermedades (CDC):
Las autoridades médicas y científicas están de acuerdo en que el VIH no sobrevive con facilidad fuera del cuerpo, lo cual hace remota la posibilidad de una transmisión ambiental. El VIH se encuentra a diferentes cantidades o concentraciones en la sangre, el semen, las secreciones vaginales, la leche de seno, la saliva y las lágrimas. Para obtener datos acerca de la supervivencia del VIH, los estudios de laboratorio han tenido que utilizar concentraciones artificialmente elevadas de virus cultivados en laboratorio. Aunque estas concentraciones no naturales del VIH se pueden mantener con vida durante días o incluso semanas en condiciones de laboratorio limitadas y de control estricto, los estudios de los CDC han demostrado que incluso a esas altas concentraciones, las concentraciones de VIH se secan después de varias horas y la cantidad del virus infeccioso se reduce entre un 90 y un 99 por ciento.

Debido a que las concentraciones del VIH usadas en los estudios de laboratorio son mucho más altas que las encontradas en circunstancias reales en la sangre y en otros especímenes, el secado de la sangre humana y de otros líquidos corporales infectados por el VIH, reduce el riesgo teórico de transmisión ambiental esencialmente a cero. En ciertas ocasiones, las interpretaciones incorrectas de algunas conclusiones derivadas de estudios de laboratorio han causado alarmas innecesarias.

No se deben utilizar los resultados de los estudios de laboratorio para evaluar el riesgo personal específico de infección porque (1) la cantidad estudiada del virus no se halla en muestras humanas ni en la naturaleza y (2) no se ha identificado ningún caso de infección por el VIH debido al contacto con una superficie ambiental. Además, el VIH no se puede reproducir fuera de su huésped vivo (a diferencia de muchas bacterias u hongos que pueden hacerlo en condiciones adecuadas), a menos que el VIH esté en condiciones de laboratorio; por lo consiguiente, no se propaga ni mantiene su contagiosidad fuera de su huésped.
(http://www.cdc.gov/hiv/spanish/resources/qa/qa35.htm)

Citomegalovirus
Sobre este otro riesgo, el citomegalovirus, ya hablé en el artículo sobre los supuestos riesgos de la donación de leche, ya que, según toda la documentación consultada, la infección por citomegalovirus es peligrosa en bebés prematuros o de bajo peso al nacer.

En los lactantes a término la infección cursa de forma asintomática o con síntomas leves y no deja ningún tipo de secuelas. […] La pausterización y la congelación inactivan el citomegalovirus y reducen de forma considerable el riesgo de transmisión.
¿En qué situaciones está contraindicada la lactancia materna? N.M. Díaz-Gómez (Acta Pediatr Esp. 2005; 63: 321-327)

Así pues, parece que con la simple medida de “congelar” el sacaleches, las mamás de bebés prematuros o de bajo peso al nacer podrían usar con toda seguridad un sacaleches de segunda mano.

Otros virus

Finalmente, respecto a la Hepatitis A, el texto de la cita anterior también señala que “La principal vía de transmisión del virus de la hepatitis A esla fecal-oral. La transmisión vertical [madre a hijo] es rara” y en cuanto a la Hepatits B cabe recordar que, normalmente, los niños reciben la primera dosis de esta vacuna directamente en el paritorio. En cualquier caso, y siguiendo al mismo autor, “aunque se ha aislado el virus de la hepatitis B en la leche materna, el riesgo de transmisión de esta enfermedad a través de la leche es muy bajo”. Tan bajo, que se recomienda lactancia materna tanto en casos de Hepatitis A como en los del tipo B.
Reflexión final
Al final, aparte de una genuina preocupación poco documentada, me inclino a creer que parte de estas recomendaciones que sólo buscan asustar con el objetivo de engrosar las cuentas de beneficios de fabricantes, distribuidores y vendedores de este tipo de productos.
Si os decidís a comprar un sacaleches de segunda mano, la única precaución sería esperar un par de días para usarlo (así estás triplemente segura de que cualquier resto de VIH está más que muerto) y congelarlo (si os apetece) para desterrar el temor a que queden restos de citomegalovirus (también podéis congelar al hermanito mayor si vuestro bebé lo tiene, porque las guarderías y lugares de reunión de niños pequeños son un “hervidero” de citomegalovirus)…
Obviamente, lo de pegarle un lavado concienzudo y esterilizarlo es de cajón, aunque no está de más recordarlo, por si acaso.
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