El origen de las especies: la experiencia real de ser mujer

¿La mujer es un hombre con tetas?, somos eso, o somos algo más, en un momento de la historia nos hicieron creer que la igualdad era eso, que teníamos que ser hombres y renunciar a nuestra esencia, pero eso no es verdad. Desde el Blog Alternativo nos traemos una entrevista a Erika Irusta Mujer, hija, doula, pedagoga especializada en energía femenina y sanación de Lo Sagrado Femenino

“Vivimos en una sociedad que “invita” a las mujeres a creerse asexuadas o incluso similares a los hombres (no hablo de similares en derechos, ellos tampoco). Se premia a las mujeres que desconocen e incluso a aquellas que REPUDIAN SUS CICLOS HORMONALES, pues sentir diferente, pensar diferente y actuar diferente comporta problemas en esta sociedad lineal del padre”

“Es imprescindible transmitir a las jóvenes la experiencia real de ser mujer, sin sentirse en inferioridad. Pues esta “inferioridad” es una creación cultural no es real, en absoluto biológica”

“Siempre transmito a las mujeres que SOMOS UNA CREACIÓN PERFECTA, pues como la naturaleza somos cíclicas y como ella mostramos diferentes colores al mundo y sentimos el mundo desde tan variados prismas que nuestro conocimiento es profundo en todas y cada una de sus partes”
Erika Irusta

Tratar de ser y comportarnos como lo que no somos no fue una sabia decisión por muy liberadora y revolucionaria que pareciese hace unas décadas. Al entregarnos y adaptarnos al sistema dominante, renunciamos a parte de nuestra naturaleza femenina que la sociedad ni honra ni valora, y eso se ve claramente en las prácticas médicas*, en el delirio colectivo de la cirujía estética, en la crianza des-madrada, en la incomprensión y rechazo de la menstruación hasta el punto de tratar de eliminarla, etc.

Pero ¿a dónde creemos ir si hasta desconocemos quiénes somos?

Erika Irusta, doula, pedagoga especializada en energía femenina y sanación de Lo Sagrado Femenino reivindica un nuevo-ancestral concepto de mujer cíclica para apreciarnos en nuestras diferencias en un texto titulado “El origen de las especies“:

El origen de todo hombre y toda mujer es una mujer. Todos y todas somos creados en un útero y este comienzo necesita reconocerse si queremos andar por el mundo de manera consciente, porque para saber a dónde queremos ir hemos de saber de dónde hemos partido, y el cuerpo de una mujer es ¡el origen de ésta, nuestra especie!.

Somos capaces de saltarnos esta parte del cuento cuando queremos pronunciarnos de manera racional y científica, pero no hay duda de que el cuerpo femenino es el primer lugar en el que habitamos. ¿Por qué digo esto?.

Porque esta es una reflexión sobre la necesidad de acompañar a nuestras hijas en su proceso de habitar su cuerpo de mujer y, si ni las niñas ni los niños saben su origen, poco o nada podrán honrarse así mismos ya que no pudieron honrar su primer hogar, es decir, el vientre materno.

Ser en cuerpo y mente de mujer no es lo mismo que ser en cuerpo y mente de hombre. Esta diferencia es maravillosa por la riqueza de enfoques y sensaciones en las que se procesa y se mueve una y uno por el mundo, pero nunca se ha valorado este potencial único propio de la diversidad y totalmente atípico en la igualdad- neutralidad.

Saberse diferente es indispensable para comprender porque siento lo que siento o hago lo que hago. Devuelve a cada persona su capacidad de identificarse y dibujarse desde sí y a través de los demás.

Porque es el reconocimiento otorgado por el otro y la otra quién te compone ante el mundo, pero ¿qué reconocimiento obtiene una chica de 12 años el día que comienza a ser cíclica? ¿qué imagen se proyecta sobre ella? ¿cómo se la trata? Es importante reflexionar sobre estas cuestiones porque aquello que la transmitamos, de manera consciente e inconsciente, es la paleta de colores que le ofrecemos para pintarse a si misma en este mundo.

Pensemos bien ¿qué imagen le ofrecemos al hablarle de la mujer? Como mujeres adultas tenemos la responsabilidad de conocernos profundamente, luces y sombras bien escudriñadas, para compartir con ella la experiencia de ser en un cuerpo real y sexuado.

Y pasa por aquí, por saberse y sentirse en cuerpo femenino, la cuestión de acompañar a la niña (que nació siendo ya mujer) en su recién estrenada condición de mujer cíclica. A partir de su primera ovulación (que se evidenciará en su primera sangre) su cuerpo, ya cambiante, experimentará los variados humores de su condición natural.

Variados en riqueza y contrastes. Variados en sensaciones y colores. Variados, sí, muy importante que sean variados y se respeten sus diferentes tonalidades e intensidades pues, de negarse y/o neutralizarse podremos resultar heridas de muerte como mujeres ¿Es para tanto?

A mi sentir, sí, lo es. Vivimos en una sociedad que “invita” a las mujeres a creerse asexuadas o incluso similares a los hombres (no hablo de similares en derechos, ellos tampoco).

Se premia a las mujeres que desconocen e incluso a aquellas que repudian sus ciclos hormonales, pues sentir diferente, pensar diferente y actuar diferente comporta problemas en esta sociedad lineal del padre. Con lo que sí, es imprescindible transmitir a las jóvenes la experiencia real de ser mujer, sin sentirse en inferioridad. Pues esta “inferioridad” es una creación cultural no es real, en absoluto biológica.

En los talleres que facilito, siempre transmito a las mujeres que somos una creación perfecta, pues como la naturaleza somos cíclicas y como ella mostramos diferentes colores al mundo y sentimos el mundo desde tan variados prismas que nuestro conocimiento es profundo en todas y cada una de sus partes.

¿Cómo acompañarlas en este despertar? Habiéndonos despertado nosotras plenas en nuestro cuerpo, mente y sabiduría de mujer ¿Es fácil? No lo sé, porque cada cual necesita tiempo en su amanecer, lo que está claro es que no hay vuelta atrás.

Sólo si experimentamos la intensidad de habitarnos, podremos contagiar a las más jóvenes el orgullo sano de ser mujer, de ser en y desde el único cuerpo humano capaz de dar cabida a dos seres (como mínimo). Sólo si les ayudamos a reconocer su origen de mujer (tanto niñas como niños) podrán vivirse en plenitud y podrán transmitir a sus hijas e hijos el mensaje de LA DIFERENCIA HONRADA, que no es otro que el de sabernos diferentes y amarnos por ello.

Y tú, ¿de dónde vienes?

Erika Irusta Rodríguez
Mujer, hija, doula, pedagoga especializada en energía femenina y sanación de Lo Sagrado Femenino

Podéis encontrarme en: Alma de doula (facebook), Dando a luz (facebook) y El camino rubí

Bibliografía rcomendada: “El orden simbólico de la madre” de Luisa Muraro

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