Violencia, mala praxis y ensañamiento en el parto

El parto es nuestro nos trae un artículo que sinceramente me gustaria no tener que reprocucir, no quisiera hacerlo porque sería signo de que estas cosas no pasan, pero pasan, y no podemos permanecer con los ojos cerrados, no podemos, nos debemos a nosotras y a todas las que vengan trás nosotras una atención médica libre de prejuicios, en la que como mínimo seamos bien tratadas y no nos quedemos con la angustia de haber pasado por la casa del Horror.

España, siglo XXI

Por Marina

“La violación”, René Magritte, 1934.

No escribirìa este post si se tratase de un caso aislado; tampoco si tuviera la certeza de que cuando pasan estas cosas el sistema las detecta y hay consecuencias para quienes perpetran este tipo de asistencia al parto. Pero pasan los años, y la realidad demuestra que en muchos hospitales españoles el parto continúa siendo un momento de peligro para la mujer y para el bebé, y no solo por estar expuestos a prácticas innecesarias y dañinas, sino por lo que supone de estar a merced de un cierto tipo de profesionales que desacreditan la profesión de matrona y de obstetra.

Más abajo se puede leer el testimonio de una madre que ha sido recientemente maltratada y vejada, por no decir violada, durante el parto. No es la primera vez, he leído cientos de historias similares a esta, durante años. Muchas con consecuencias graves, roturas de útero, secuelas físicas y emocionales permanentes, lactancias arruinadas, problemas de vinculación con el bebé, cuadros de estrés postraumático, a menudo diagnosticados como depresión postparto, ese aparente fallo de la naturaleza que justifica el mal cuerpo que queda después de semejante experiencia. Pensé que con la publicación de la Estrategia de Atención al Parto Normal, y la de la Guía de Atención al Parto Normal, las cosas mejorarían. Y así ha sido en algunos centros, pero en otros … parece que la cosa no va con ellos.  Al contrario, como puede observarse en este testimonio, que las mujeres quieran informarse y decidir es algo que parece irritar tremendamente a quien no está dispuesto a entender que su puesto no es de mando, sino de servicio. Toda una cultura por cambiar…

Creo sinceramente que la mayor parte de los profesionales que atienden partos son vocacionales, lo hacen lo mejor posible, y tratan de seguir mejorando, a pesar del escollo que supone haberse formado en un modelo de atención al parto obsoleto. Pero también constato una y otra vez que el sistema tiene graves defectos, como lo es que no haya una buena selección del personal adecuado para acompañar a las mujeres y los bebés en un momento tan crítico y transcendente de su vida. No se entiende que para ser bombero –por ejemplo-  haya que pasar una serie de pruebas psicotécnicas … y para atender partos vale cualquiera. Cabe preguntarse por qué gente capaz de demostrar este grado de crueldad y ensañamiento hacia las mujeres escogen una profesión que las sitúa en una posición de poder frente a ellas en un momento tan vulnerable. Cabe también preguntarse por qué el sistema es incapaz de comprender el daño que hacen este tipo de profesionales y lo permite. Y cabe preguntarse –por último- por qué las leyes que garantizan los derechos de los pacientes –usuarias, no pacientes, en el caso de las parturientas-  se respetan escrupulosamente en todas las especialidades excepto en obstetricia, donde el derecho a tomar decisiones informadas es todavía una batalla por ganar. Y si no lo creen, lean.

Nacimiento de M., finales de 2010, Murcia.

Esta no es la historia que hace unas semanas pensaba que iba a contaros. Yo creía que os contaría, radiante, como mi pequeña había nacido en casa rodeada de amor y con su padre y su hermana y nuestra querida matrona a quien llamaré A, como únicos testigos del feliz momento. En cambio os tengo que contar, una vez más, otra historia de maltrato físico y psicológico, otra madre herida física y emocionalmente y otro bebe venido al mundo de una forma completamente inhumana. Todo empezó el domingo 28 de noviembre. Estuve algo removida toda la tarde, pero sin contracciones dolorosas ni nada que me hiciese pensar en un parto inminente. Por la noche me acosté con mi hija en su cama para leerle un cuento y al final me quedé dormida abrazada a ella. A eso de la 1 de la madrugada me despertó una contracción dolorosa. Me quedé quieta en la cama y a los pocos minutos vino otra. Me levanté. Las contracciones ahora son cada 3-4 minutos y molestan bastante. Viene A., la matrona. Estoy de unos 3 cm. Queda mucho, pero he comenzado mi viaje. Van pasando las horas y las contracciones cada vez molestan más. En el salón estoy muy cómoda, me encanta estar allí. A ratos me voy al baño, al dormitorio… Mi hija se despierta, creo que por la mañana, pero no estoy segura. Ve a A. y a su compañero. Le digo que la hermanita va a nacer. Me preocupaba un poco su reacción pero lo lleva bastante bien. La verdad es que no recuerdo que estuvo haciendo, imagino que jugando, viendo la tele…Yo iba a lo mío… Sobre las 12 o así de la mañana empiezo a tener ganas de empujar. La sensación es intensa, pero agradable. Recuerdo pensar que si eso era todo, podía estar así horas, porque aunque dolía, el estar empujando me aliviaba, me gustaba incluso…Pero el tiempo pasa, las contracciones pasan, y el bebé no baja. A. me explora. Hay un reborde endematizado en el cuello del útero que no me deja terminar de dilatar (o algo así creí entender). Estoy con 8 cm. Emma ha rotado, esta en posterior, y su cabeza no está flexionada. No consigo que baje de mi pubis. La matrona me propone ir al hospital. Le pregunto que opciones tengo. Me dice que el bebé está muy alta y que no termina de encajarse. Nos fuimos al hospital de Murcia porque no te separan del bebe tras la cesárea. La otra opción era el de Orihuela, y allí si que van los bebes al nido mientras estás en reanimación. Llegamos al hospital sobre las 7 de la tarde. Me ve enseguida una ginecóloga. La reconozco porque antes trabajaba en el hospital de Orihuela pero no le digo nada. Me alivia y tranquiliza verla porque es una cara conocida. A. le explica la situación. Me explora, me abre la historia esa del ingreso (ese rato fue eterno) y al pedirme las pruebas, me doy cuenta de que la última analítica me la he dejado en casa. Mierda. Hay que sacarme sangre y esperar los resultados antes de hacer nada. Mientras tanto me monitorizan. Mi marido fuera, no lo dejan entrar de momento. Ahora imagino lo asustadísimo que tuvo que estar porque a mi ni me vio entrar, el se quedó dando los datos mientras a mi me metían a urgencias de maternidad. Ni un beso le di, ni un hasta luego… Mientras estaba monitorizada llegó otra ginecóloga. Una de tantas… Lo primero que me dice tras leer
lo que había escrito la primera médica que me vio (que imagino que pondría en mayúsculas o casi, que venia de un parto en casa), fue “¿qué pasa que no quieres la epidural?” yo le dije que llevaba muchas horas ya así, y que si tenían que hacerme una cesárea, que por favor me la hicieran ya porque no aguantaba más. Me dice, “pero tu no querías parir?” y le contesto que si, pero que llevo 5 ó 6 horas con ganas de empujar y que la niña no baja y que si al final me iban a terminar metiendo a quirófano, que me metieran ya porque no podía más. Me explora. Más bestia que su madre. En mi vida me han hecho mas daño que en ese momento. Bueno sí, en todos los momentos que vinieron después. Me dice que estoy de 8 cm. Y le digo que hace muchas horas que estoy así y me suelta “pues claro, ¿Como vas a dilatar sin oxitocina?” le digo que no quiero oxitocina, que ya he dilatado 8 cm y que tengo contracciones muy fuertes. Mira el monitor y me dice que son muy irregulares y que me van a poner oxitocina. Me sonríe con aire de superioridad y me dice “¿no querías parir? ¡Pues vas a parir!”. Llegan los resultados de la analítica. Me ponen la epidural, una niña de 27 años. La chica encantadora, eso sí. El único trato amable que recibí por parte de un médico fue de ella. La epidural no me hace el efecto que yo esperaba. Me ponen la oxitocina. Yo no se las veces que me exploró la ginecóloga, pero cada vez que la veía entrar me daba pánico. Me subió la oxitocina. Me tuvieron que poner 2 bolos de epidural porque el dolor no se iba. Me dolían mucho las piernas también. La ginecóloga cada vez que venía me dedicaba una sonrisa malvada. Estoy segura de que estaba disfrutando de que otra hippie que quería parir debajo de un árbol hubiese terminado en el hospital. Cuando le dije que la epidural no me estaba haciendo efecto y que aún me dolía, me decía “¿Y eras tú la que quería un parto natural?” Era muy bruta, cuando venia una contracción me decía que empujase mientras hurgaba en mi vagina haciéndome ver las estrellas. Que dolor tan grande. Y me decía “empuja que no te duele” y yo le decía que si que me dolía. Le suplicaba que por favor parase. Y más se crecía ella. Y allí estaba yo. Suplicando un respiro en vez de ponerme en mi sitio y decirle que si me volvía a hacer eso le metía una patada en la cara. Luego vinieron 2 ginecólogas más, y todas a explorarme a ver como iba. Una detrás de otra. Sin descanso. Y yo violada por delante y con cada contracción, como si tuviese un palo clavado en el culo. Y sin poderme mover. A. me comentó que M., aunque estaba bien, estaba ya acusando las horas que llevábamos y con cada contracción lo pasaba un poco mal. Cuando entró mi marido, pues no se lo que se encontró, imagino que algo parecido a un despojo humano porque recuerdo la cara de preocupación y de miedo con la que me miró. Mi madre estuvo hablando con la ginecóloga a la que conocía, y entró también a estar conmigo. Recuerdo que le dije que la ginecóloga se estaba ensañando conmigo, que me estaba maltratando, que por favor le pidiese a la otra ginecóloga (la que me vio en primer lugar, a la que ella conocía) que me llevase ella el parto, que no quería ver más a la otra, y que encima como había residentes me iban a hacer de todo. Me dijo que no podía ser lo del maltrato, y que no consentía que dijese que estaban haciendo otra cosa mas que lo mejor para mí, que eran profesionales y sabían lo que tenían que hacer. A. me había dicho ya alguna vez que no sabia si irse, porque sentía que al estar ella allí todavía se cebaban mas conmigo, y al final me dijo que se iba, a ver si mejoraba la cosa. Sentí su pena, sentí que no quería irse, pero que lo hacía por mi. Yo también creía que les tocaba las narices que ella estuviese allí y lo pagaban conmigo, pero era tanto lo que la necesitaba a mi lado que me daba igual. Al decirme que se iba me dio pánico que mi bebé tuviese alguna bradicardia o sufriese más de lo que estaba sufriendo, y no saber reconocerlo en el monitor. Me daba miedo no tener a quien preguntarle que iba a pasar en cada momento, que me iban a hacer. Cuando se fue me quedé desamparada. Vinieron las ginecólogas, otra vez me exploraron las tres, una detrás de otra, y me dijeron que me iba
al paritorio. Mi madre le preguntó a la ginecóloga si podía entrar conmigo y le dijeron que no. Mi marido tampoco. Mas miedo. Llegué al paritorio. Me acosté en la cama esa de partos, totalmente horizontal. Pedí que me incorporaran. Ni caso. Entonces vi a A. y fue como ver a mi ángel de la guarda. Le dije si se quedaba, y me dijo “yo me quedo contigo hasta que me echen”. Ahora se que eso fue lo único que me dio fuerzas y que me hizo mantener la cordura en ese momento. Nunca podré agradecerle lo suficiente que al final se quedase. En el paritorio, horrible. Cada vez que tenía que empujar lo hacia con la mano de una de las ginecólogas dentro de mi vagina. La movían, manipulaban la cabeza de Emma, empujaban hacia abajo… iban turnándose. Una vez supliqué que me dejasen descansar, que me dieran un respiro, que me dolía mucho, y la ginecóloga se burló de mi, me dijo “claro mujer, descansar” con su sonrisa especial, mientras cuatro residentes de ginecóloga estaban allí mirando. En un momento dado se asomó por la puerta un hombre y preguntó sonriendo “que, ¿Como va todo?” . Luego vinieron otra gente a decirles no sé que de una placenta que no se desprendía a una ginecóloga, que se fue y volvió más tarde. Yo allí, con las piernas atadas, con una mano metida dentro mío en todos y cada uno de los pujos que hice, mientras miraba a A. y lloraba, pensando si era eso para lo que me había estado preparando durante 3 años y medio. A. me cogía de la mano, me besaba y compartía mi dolor, pero no podía hacer nada. Hace unos días me dijo que cada vez que las ginecólogas me hacían algo la miraban como desafiándola, como diciéndole “venga, di algo, abre la boca y danos una excusa para echarte de aquí”. Ella se mantuvo callada por mi, porque sabia que yo la necesitaba allí conmigo. Ya me había dicho que seguramente me harían una ventosa. Pues si, me la hicieron, UNA ESTUDIANTE. Una cría que no sabia si el pivote iba hacia arriba o hacia abajo. Nadie me preguntó ni me pidió autorización para que esa chica aprendiese a hacer una ventosa con mi hija. Aún no me explico como no le dije cuatro cositas, que a mi hija no la tocaba. ¿Cómo no se lo dije? ¿Cómo dejé que fuese una estudiante quien me lo hiciese? ¿Cómo, al oír lo del pivote, no pegué un grito y no les dije que dejaran de hacer experimentos con MI hija??? No me lo explico, ni me lo perdono. Podrían haberle hecho daño. Por suerte Emma no estaba atascada y salió en un segundo. La sensación fue desagradable, notar como la sacaban, el arrastre de la niña, no estaba saliendo ella ni ayudándola yo, la estaban arrastrando y me dio como “tiricia”. Me hicieron episiotomía aunque pedí que lo evitaran, que por favor no quería que me la hicieran. No se si fue necesaria. Lo que sí se con certeza es que me la hubieran hecho aunque no lo hubiera sido, así que nunca sabré si realmente hacia falta hacerla. La ginecóloga que estaba a mi izquierda me hizo una maniobra de Kristeller. No me libré de nada. Cuando la sacaron me dijeron “mira a tu hija”. No veía nada. Estaba tan poco (hasta nada) incorporada que no la vi. Recuerdo que lo dije, dije que no podía verla. ¿Y qué? Eran las 12 de la noche. 23 horas después de comenzar mi viaje. Nunca pensé que iba a terminar así… Recuerdo la sensación de miedo al oír a las ginecólogas llamar al pediatra a gritos. Gritaron seguramente por no molestarse ninguna a ir a buscarlo personalmente, no creo que realmente hubiese motivo para gritar, pero simplemente les importa un carajo que a la madre le entre pánico cuando, a punto de sacar a su hija, llamen a gritos al pediatra. No recuerdo si me la dieron antes de dársela al pediatra. Imagino que sí porque luego vi que tenía la barriga manchada. Pero NO RECUERDO LA PRIMERA VEZ QUE VI A MI HIJA. Recuerdo a A. diciéndole a la auxiliar que no la vistiese, que me la pusieran piel con piel. Ni caso, una vez más. Le dijeron que si quería que le quitase la ropa en reanimación. Recuerdo el dolor al coserme la episiotomía. La misma estudiante que había hecho la ventosa. Otra que mucha finura no gastaba. No hacia mas que decirme que bajara el culo. ¿Cómo lo iba a bajar, si no me empotraba contra el techo
del daño que me hacía cada vez que me apretaba porque estaba atada? Le pedía que llevase cuidado, o que por lo menos me avisara cuando me fuese a apretar. Como si oyese llover. En ese momento se fueron las ginecólogas y ya dejaron entrar a G. Sé que está atormentado porque ni miró a su hija. Le daba igual nuestro bebé, solo quería estar a mi lado y ahora se culpa por ello. Recuerdo que mientras me cosían no quería tener a M. encima mío. Estaba muy tensa, me dolía mucho y no soportaba tenerla encima. Creo (creo, que triste…) que la tuve encima un rato pero después creo que se la di a alguien. Solo recuerdo el daño que me hacia la estudiante con los apretones, nada mas. Luego me sondaron, siguiendo su norma de “cuanto mas bruta seas mejor” y me debieron hacer alguna herida en la uretra, que yo se como lo he pasado después. En reanimación A. desvistió a M. y me la metió dentro del camisón. Estuvimos hablando un poco, llorando, y nos despedimos. A eso de las 2 o 2:30 de la madrugada me subieron a la habitación. Los 2 días y medio que estuve allí fueron una pesadilla. El personal, de verdad, horrible. Conmigo todavía, porque yo era completamente autónoma y no las necesitaba para nada, pero con mi compañera de habitación, con una cesárea, una arritmia cardiaca y problemas con la lactancia, el trato fue inhumano. Ahora estoy mejor. Todavía no puedo mover bien el pie derecho que se me quedó tonto por la epidural, y si ando mas de 5 minutos seguidos empiezo a dar traspiés porque la punta del pie ya no sube y me tropiezo. La episiotomía y la herida de la uretra ya casi no molestan aunque el dolor llegó a ser insoportable. Lo que mas me molesta ahora es que tengo una incontinencia urinaria bastante grande y sobre todo en situaciones de estrés (cuando M. vomita, o ayer por ejemplo que Ainara se cayó de cabeza desde el respaldo del sofá hacia atrás y se hizo mucho daño) literalmente me hago pis encima, y es muy frustrante no poder atender a tus hijas porque te estás haciendo pis encima. Y termino yo llorando más que ellas. Psicológicamente voy a días. Hay días que me encuentro bien, alegre, y otros completamente hundida. Pero incluso en los días buenos hay señales que no me gustan, que interpreto como que algo no va bien. Recuerdo con mi otra hija, que en el momento en que lloraba me empezaba a salir leche a chorros. Con M. no me pasa. Aunque me vaya a reventar el pecho. Simplemente no me pasa. No se por que. Y claro que la quiero, es mi niña, pero creo que no estoy enamorada de ella. No siento la necesidad de estar a su lado a todas horas, y a veces me fastidia hasta que se despierte si estoy viendo alguna película o leyendo algún libro. No siento que lo esté haciendo bien con ella. M. no tiene la culpa del nacimiento que ha tenido. Bueno, pues mas o menos eso es todo, así nació mi pequeña.


Anuncios

2 Respuestas a “Violencia, mala praxis y ensañamiento en el parto

  1. Es increíble que pasen estas cosas, aunque se de buena fe que no todos los profesionales son así ni mucho menos. Lo que si he notado en esta profesión es que la experiencia tiende a deshumanizar la asistencia.
    Ante todo somos personas y nunca debemos perder esa perspectiva
    Un saludo.

  2. Hola, soy de Argentina Buenos Aires. Tengo 20 años, y a los 19 tuve mi primer hijo. Entiendo completamente tu situacion. Aca es muy comun el embarazo a temprana edad, mayormente indeseado. El aborto no es legal, pero se practica.. es muy costoso y peligroso. Por lo cual, las “niñas” que llegan a las salas de parto (como yo) muchas veces son maltratadas verbal y fisicamente, como “putas”… Las parteras, ante quejas de las parturientas por el dolor o la incomodidad, responden con frases como “aahh si te gusto antes.. . ahora BANCATELA!” y demas. Son totalmente hostiles en cuanto al trato y la atencion. A mi por ej, me humillaron tratandome de ignorante… por no saber cada cuanto tiempo exacto deben ser las contracciones al momento de parir… (que si lo sabia, pero al ser primerisa y estar nerviosa, olvide practicamente todo. Igualmente no habia necesidad de tratarme asi, creo.) Estuve totalmente desnuda en una camilla que no tenia ni sabanas, en una habitacion compartida con mujeres y personal medico que entraban y salian constantemente (guardia de obstetricia) que al abrir la puerta TODA la gente en sala de espera PODIA VERME! En fin, y miles de otras cosas.. que tambien se nombraron mas arriba.. como por ej, el manoseo constante y por varias personas que van y vienen, cosas que te hacen sin consultarte primero, la incomodidad EN TODO MOMENTO, en la sala de parto la camilla era de metal recto.. fria y dura, tambien tenia las piernas atadas, me hicieron una episiotomia sin consultarme (esto hecho sin ninguna clase de anestecia, aclaro) Tampoco pude ver a mi bebe, ni tenerlo hasta despues, que me llevaron a la habitacion. En la habitacion no habia agua caliente en el baño, asi que para higienisarme debia llamar a las enfermeras (las cuales se quejaban cuando las llamaba) para que me trajeran agua en una jarra (de aspecto dudoso) …Y puedo seguir, pero la verdad ya me canse. Es TERRIBLE el trato que reciben las parturientas.. ESPERO QUE SE HAGA ALGO AL RESPECTO.

    (esto solo fue mi experiencia personal, conosco casos aun peores)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s