Más juegos, menos juguetes

Jugar con nuestros hijos, dedicarles un tiempo en exclusiva sin teléfonos, sin televisión, sin interferencias, solo nosotros y ellos, tal vez descubramos que no les importan tanto los juguetes y sí nuestra presencia. Desde FAMIPED,

Autora:
Ana Martínez Rubio, Esther Garrido Sánchez y Teresa Pastor Sánchez-Cossío. Pediatras. Centro de Salud de Camas (Sevilla).

Según una reciente encuesta internacional, los niños son grandes consumidores. Eligen productos y marcas tanto en alimentación como en ropa o en juguetes. En tiempo de crisis económica nos parece oportuno hacer unas reflexiones y plantear alternativas acerca de este consumismo impulsivo al que casi todos habíamos llegado, planteando, además, los beneficios que pueden obtenerse de un cambio de actitud.

Nuestra propuesta para las Navidades: en vez de comprar tantos juguetes y regalos, escogeremos juguetes educativos o que deban ser compartidos y, también, vamos a enseñar juegos variados a los niños de nuestra familia.

Nuestros hijos tienen muchos, muchos juguetes. Seguramente demasiados. Cada año, los Reyes, Papá Noel y la generosidad de toda la familia hacen que se nos acumulen chismes, cajas, muñecos, construcciones… Luego están los caprichitos: los niños obtienen un juguete nuevo casi cada semana: en las tiendas de todo a un euro, en las promociones de los restaurantes… Ellos acumulan y acumulan. Se sorprenden ante la novedad, pero al poco tiempo quedan hastiados de ella y ya están deseando otra cosa más. Parece que se han vuelto insaciables. Es una consecuencia de la publicidad agresiva. Pero, en realidad, ellos echan de menos jugar en familia. Prefieren jugar con una persona antes que hacerlo solos con un juguete maravilloso. Los niños, a veces, están muy solos entre tantos juguetes

Hasta ahora nos lo podíamos permitir. Hace unas pocas generaciones no era esto posible. Cada niño tenía que escribir una carta a los Reyes pidiendo un número máximo de juguetes. Dos o tres, si la familia tenía recursos. Esperar que hubiera una pequeña sorpresa si había menos dinero y más hijos.

¿Habéis observado cómo los bebés de tan solo 3-6 meses miran fascinados a otros niños o a la cara de otra persona que le hace ruiditos o le canturrea? Es que el ser humano es, fundamentalmente, un ser social y sociable. Tenemos necesidad de contacto físico y emocional. Algunos niños son capaces de jugar solos durante horas, tejiendo aventuras con su imaginación. Pero la mayoría necesita alguien que le guíe, le ayude a descubrir y desarrollar sus habilidades, estimule su ingenio y autoconfianza. Por eso, los niños se aburren pronto frente a un juguete, por muy sofisticado que sea. Ellos prefieren a una persona, a un verdadero “juguete interactivo”: su padre, su abuela, su tata, su hermanito mayor…. quienquiera que sea. Y de eso no se cansan y piden “otra vez”.

Hagámoslo así.

– Que nuestros propósitos para el año nuevo incluyan el disponer de un poco más de nuestro tiempo para jugar con nuestros hijos e hijas.

– Juguemos con ellos desde que son pequeños. Esos “juegos en el regazo” en que el encuentro cara a cara y la risa del final favorecen el apego y proporcionan al bebé seguridad.

– Que nuestra jornada incluya un rato para hacernos cosquillas, rodar por el suelo, gatear o cabalgar. También para leer juntos, imaginar historias, practicar juegos de todas clases.

– Permitamos volar a nuestra imaginación con ellos, sirviéndoles de modelo para jugar a cocinitas, conquistas o batallas en el espacio.

– Practiquemos con ellos la construcción de un castillo, de una torre: primero con bloques, luego con piezas de encajar, más adelante con naipes (más difícil todavía).

– Recuperemos los juegos de mesa compartidos. Todos son interesantes para favorecer el desarrollo de capacidades mentales: memoria, lógica, visión espacial… Y además, con ellos aprenderán a aceptar reglas, a esperar el turno, a encajar derrotas o a disfrutar de esas pequeñas victorias. Los clásicos (oca, parchís, naipes, damas, ajedrez…) y los modernos (monopoly, de preguntas, de dibujar y acertar…).

Para los adultos, jugar es, también, algo placentero, que mejora el humor, relaja y anima. Quienes tenemos la suerte de vivir con niños tenemos más oportunidades de jugar. Ese puede ser nuestro propio regalo de Navidad en 2010.

Para ellos. Para nosotros. Para todos.

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