Los ingredientes de la leche de fórmula

Nos la venden como segura, como una alternativa sin más, y si a una le llenan la cabeza de mitos sobre lactancia, de que su leche no es buena, que tienes poca, que no alimenta, saltas al mundo de los biberones sin pensar.  Tener en cuenta las bondades de la leche materna está bien, y también lo está saber que la leche artificial, los sucedaneos no son tan buenos, ni tan inocuos como nos los pintan las grandes empresas. Este artículo nos explica eso, los ingredientes que no nos dicen que contiene la leche artificial que damos a nuestros hijos. Por Ileana Hernández desde Tenemos Tetas

Quizás una de las razones por las que recurrimos tan fácilmente a la leche de fórmula, ante el primer obstáculo que nos encontremos con la lactancia materna, es porque tenemos a mano un hermoso paquete conteniendo un polvito blanco, que nos parece completamente adecuado para nuestros niños.

Pero podríamos preguntarnos: si nuestro bebé de 3 días de nacido tiene hambre, ¿le daríamos por ejemplo, aceite de pescado, maíz tal vez transgénico o tres cucharadas de soja molida, si tuviéramos esos ingredientes por separado en nuestra nevera? ¿Le haríamos tranquilamente una papilla a nuestro bebé recién nacido con esos ingredientes? Pues esos son justamente los ingredientes que puede contener cualquier leche de fórmula.

Revisando las etiquetas de las latas de leche que hay en cualquier supermercado, nos encontramos que declaran algunos ingredientes como estos:

-Leche de vaca desnatada (es el ingrediente principal de las leches de fórmula, aunque sorprendentemente aún hay quien lo ignora. ¿De qué vacas? ¿Criadas cómo? ¿Ordeñadas cómo? ¿Procesada cómo esa leche?)

-Aceites vegetales (A veces sin especificar qué tipo de ellos. Pueden ser aceite de coco, aceite de palma, aceite de maíz (¿quizás transgénico?) u otros aceites que los mismos adultos no estamos acostumbrados a incluir en nuestra alimentación).

-Azúcares (algunos no especifican cuáles. Pero pueden utilizarse lactosa, sacarosa, glucosa, malto-dextrina de maíz…)

-Vitaminas y minerales

-Aminoácidos (como l-carnitina, taurina, l-histidina, etc. ).

-Lecitina de soja

-Galacto-oligosacáridos (GOS)  Probióticos. ¿De dónde se obtienen? Quizás de “residuos de la industria láctea“?

-Aceite de pescado (Esto, al verlo hoy en una etiqueta de una conocida marca, me dejó fría. Si los pediatras recomiendan que el pescado  no se introduzca en la alimentación infantil hasta los 9 meses como mínimo, ¿cómo es que las fórmulas de inicio para lactantes pueden incluirlo? ¿Y las posibles alergias por exponer  tan precozmente a los bebés a todos estos productos?)

La periodista británica Ann Sinnot publicó recientemente un libro, donde anexa un escalofriante análisis sobre los ingredientes, aditivos y contaminantes que pueden incluir las distintas leches de fórmula, cumpliendo con la legislación establecida por la Unión Europea.

He estado buscando la legislación española acerca de los preparados para lactantes, y reconozco que es una labor que se presenta ardua, al menos para los ignorantes en Derecho como yo. Creo que la norma actual en vigor es el Real Decreto 867/2008 por el que se aprueba la reglamentación técnico-sanitaria específica de los preparados para lactantes y de los preparados de continuación.

El Reglamento es muy severo en cuanto a los plaguicidas que no han de utilizarse en los productos utilizados para las fórmulas, y en sus anexos, deja muy claro los porcentajes de nutrientes (proteínas, grasas, carbohidratos…) que deben tener las fórmulas, pero no dice nada acerca del origen de los ingredientes, solo que deben ser:

“ingredientes alimenticios cuya adecuación para la alimentación especial de los lactantes desde el nacimiento haya sido determinada mediante datos científicos generalmente aceptados”. (Art. 3.1.a)

La legislación y los fabricantes se centran pues en la proporción de los diferentes tipos de nutrientes (la composición nutricional), pero no obliga a los fabricantes a declara sobre la CALIDAD ni el ORIGEN ni el TIPO DE PROCESAMIENTO a que se someten los ingredientes utilizados para fabricar la fórmula. De eso nada sabemos.

Revisando el Reglamento, me tropiezo con algunas joyas muy interesantes:

El Art. 9. 2, al referirse a la publicidad de los preparados para lactantes dice: “Tal información no deberá insinuar ni hacer creer que la alimentación con biberón es equivalente o superior a la lactancia materna.” (Podríamos preguntarnos entonces, si incluso está incorporado en nuestra legislación, cómo es posible que aún alguien se atreva a afirmar públicamente que dar biberón es una “opción igual de válida” que la lactancia materna).

El Artículo 10.2 obliga a las Administraciones Sanitarias a velar para que:

El material informativo y educativo, escrito o audiovisual, relativo a la alimentación de los lactantes y destinado a las mujeres embarazadas y a las madres de lactantes y de niños de corta edad, incluya informaciones claras sobre los puntos siguientes:

-Ventajas y superioridad de la lactancia materna.
-Nutrición materna y forma de prepararse para la lactancia materna.
-Posible efecto negativo de la alimentación parcial con biberón sobre la lactancia materna.
-Dificultad de rectificar la decisión de no amamantar.
-En su caso, el empleo adecuado de los preparados para lactante

El profesor Angel Nogales, jefe del departamento de Pediatría del Hospital 12 de octubre, está de acuerdo en que el suministro de leche artificial de forma masiva a los bebés, es el experimento sin control más vasto de la historia.

Los Servicios de Microbiología y de Epidemiología del Hospital Universitario Vall d’Hebron, de Barcelona, realizaron un análisis sobre los peligros de contaminación y puntos críticos que la utilización de leche de fórmula y biberones puede suponer para los recién nacidos y sobre todo para los prematuros. Dicho estudio puede consultarse aquí.

Resulta que la carne de res que comemos debe tener su “trazabilidad”, para saber donde fue criada y dónde fue sacrificada. El pescado que compramos está obligado a informarnos si es de captura o de cría, en qué mar fue capturado y hasta en qué fecha. El arroz lo elegimos del “delta del Ebro”, el aceite de oliva lo elegimos de primer prensado en frío y mejor si es de Jaén; el jamón, de Jabugo;  el queso, manchego; y los plátanos, de Canarias. Hasta nos molestamos en comprar azúcar moreno de caña para echarle a un buen café colombiano. Es más, el Fondo para la Defensa de la Salud Ambiental está haciendo  campaña para que se generalice la alimentación ecológica en todos los comedores escolares de España.

¿Y a nuestros bebés, a lo que más queremos, en la etapa más delicada e importante de sus vidas, les alimentamos exclusivamente y durante meses con unos aceites que ni siquiera sabemos de qué son, cómo han sido obtenidos y manipulados, o de dónde han salido?

A mí me parece, cuando menos, preocupante.

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