Amamantar es de sabias

Como dice Ileana amamantar es un sencillo ejercicio diario para crecer, una oportunidad para volver a los ritmos olvidados de nuestras propias infancias. Desde Tenemos Tetas este genial artículo sobre lactancia.
“Errar es de humanos; rectificar es de sabios”
Proverbio popular

Por Ileana Medina Hernández

Los sabios de todas las culturas respetan la naturaleza, buscan el contacto con ella, se acoplan a sus ritmos y bendicen sus dones. Lactar es dejar a la naturaleza hacer su trabajo, confiar en el perfecto mecanismo de nuestros cuerpos mamíferos. Es ecológica, espontánea, sana.

Los sabios se entregan a los demás, abandonan el ego y abrazan el servicio a los otros. La lactancia es la forma de entrega más generosa que puedo imaginar: alimentar a otro ser con tu propio cuerpo.

Los sabios superan la razón y la integran a las emociones, a las sensaciones, a la sensibilidad y al espíritu. La lactancia es mágica, irracional, no sabe de lógicas, ni de medidas, ni de divisiones binarias. Es fusión y superación.

Los sabios meditan, es decir, son capaces de hacer que la mente quede en silencio y quedarse a solas consigo mismos. Cuando en medio de la noche y del cansancio entregas tu cuerpo a las necesidades del bebé, la lactancia te saca de ti misma, es entrega y meditación.

Los sabios cultivan su lado femenino. “Uno tiene que volverse femenino para llegar”, ha dicho Osho. La lactancia nos empodera a las mujeres, nos conecta con nuestra capacidad nutricia, con nuestra capacidad de cuidado, con la salud y la magia de nuestro cuerpo, con el poder de engendrar vida y mantenerla.

Los sabios enseñan a ser receptivos. La lactancia te obliga a permanecer alerta a las necesidades permanentes del bebé, a abrirte a otro, a escucharle, a dejar que sea él quien tome el mando y se alimente cuando quiera,  a respetarle, a ser receptiva y sensible a sus demandas.

Los sabios trabajan la confianza. La confianza en uno mismo y en los demás. Para amamantar tienes que confiar: confiar en ti misma y en que puedes hacerlo, confiar en tu instinto, confiar en la salud de tu cuerpo, en que puedes pedir y obtener ayuda si la necesitas, en que eres capaz; y también confiar en tu hijo, en que nadie sabe mejor que él mismo lo que necesita para crecer feliz.

Los sabios ensalzan la paciencia. La paciencia es virtud esencial en todas las culturas, en todas las épocas. Amamantar es un gran ejercicio de paciencia: no se hace con prisas, no se hace con reloj, no depende de ti, sólo es esperar a que el bebé se satisfaga por sí mismo.

Los sabios disfrutan el gozo. El placer, la alegría inmanente de quien vive en sintonía con su cuerpo y con su mente, de quien no necesita riquezas externas para construir su propia felicidad. La lactancia es una fuente de placer para la madre y para la criatura, activa las “hormonas de la felicidad” y los neurotransmisores del placer,  es sexualidad, goce, alegría.

La lactancia es una oportunidad de conectarnos con nuestra sabiduría interior. La sabiduría ancestral que TODAS las mujeres llevamos dentro. Es una oportunidad única para ejercitarnos en nuestra capacidad de cuidado, en nuestra capacidad de entrega, y a la vez para descubrir los profundos y maravillosos mecanismos de nuestros cuerpos. Es una oportunidad de sanarnos a nosotras mismas y a nuestras sagas familiares heridas. Es un ejercicio, sencillo y cotidiano, para empoderarnos. Para crecer.

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