Lactancia y ácidos grasos

Hace poco le comenté a una mamá embarazada, que la alimentación durante la lactancia era importante pero no tan importante para el bebé como durante el embarazo. Rectifico: la alimemtación siempre es importante.

El texto que sigue está copiado de “El bebé es un mamífero” del Dr Michel Odent, reputado obstetra impulsor del parto natural.

“La lactancia que se prolonga durante varios años no sólo tiene que enfrentarse a múltiples dificultades que provienen de la sociedad en sí misma, sino que además tiene que tener en cuenta un nuevo tipo de precauciones, inéditas hasta el momento, para evitar algunas alteraciones de la salud del bebé que enferma cada vez que su madre adelgaza. Esto nos obliga a hacer un paréntesis para hablar de un hecho que podría llegar a ser preocupante: en realidad, todos los que de alguna manera están vinculados con la alimentación del bebé deben preocuparse sin lugar a dudas por este fenómeno completamente específico y propio de la sociedad industrializada.

Todos sabemos la importancia que tienen los ácidos grasos en la alimentación humana. A algunos de ellos les llamamos “esenciales” porque nuestro organismo no puede fabricarlos por sí mismo, por lo que obligatoriamente debemos incluirlos en nuestra dieta. Casi todos los ácidos grasos que se encuentran en la naturaleza se caracterizan por una determinada forma. Decimos que pertenecen a la familia “cis”. Sólo hay unas pocas excepciones, como algunos de los que encontramos en el estómago de los rumiantes, cuya molécula tiene otra forma, llamada “trans”, provocada por los efectos de los microorganismos que habitan este medio.

Pero sucede que, subitamente, en el mundo industrializado, cada vez más ácidos grasos de los que ingerimos tienen la forma “trans”, generada por la industrialización de los alimentos, por el proceso de refinamiento, especialmente la hidrogenación de los aceites y la fabricación de margarinas. Incluso se ha llegado a calcular que, en algunos consumidores, estos ácidos grasos de la serie “trans” cubrirían actualment entre el 7 y el 10% de sus necesidades energéticas. Pero estos ácidos grasos son falsamente “amigos”. Están presentes en alimentos muy populares de sabor agradable, pero compiten con sus homólogos útiles bloqueando algunas cadenas metabólicas importantes, por lo cual en realidad los podemos considerar venenosos. por otro lado, recientemente se ha demostrado que la leche de la mujer moderna contiene una proporción importante de estos ácidos “trans”: la leche de una mujer alemana contenía cinco veces más que la de una mujer africana; habría 1,6 más en la leche de una americana que en la de una alemana. Y este hecho resulta ser mucho más preocupante porque sabemos que los ácidos “buenos” juegan un papel importante en el desarrollo del cerebro del bebé y en la composición de las membranas de las células. También son la base de estos importantes reguladores celulares llamados prostaglandinas.

¿De dónde viene los ácidos grasos peligrosos que absorbe el bebé moderno? De la alimentación de su madre, por supuesto. Pero no sólo de lo que come la mujer que da a luz. Estas moléculas abundan en la grasa corporal. Cada vez que la madre adelgaza, el bebé toma un suplemento de estos ácidos grasos. Hay que añadir que determinados productos tóxicos como los insecticidas, también presentes frecuentemente en la alimentación moderna, suelen acumularse igualmente en la grasa corporal. Por lo tanto, se liberan también junto a los ácidos grasos peligrosos.

Pero estos datos tan recientes no deben ser un motivo para desaconsejar la lactancia materna, sino todo lo contrario. Porque sabemos también que algunos ácidos grasos llamados “poliinsaturados de cadena muy larga” , que no están presentes en las leches artificiales, juegan un papel imprescindible que se había subestimado hasta hace poco.

Una de las conclusiones prácticas que podemos sacar de todo ello es que las embarazadas y la mujeres lactantes tienen que aprender a evitar los ácidos grasos peligrosos. Tienen que evitar los aceites refinados, las margarinas, la pastelería, las patatas fritas,la comida rápida, etc. Vistas las circunstancias, hoy día tendríamos que preguntarnos si no sería sensato sugerir a las jóvenes madres que tomaran suplementos de “ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga” como los que contiene los aceites de pescado y el aceite de onagra. Y otra conclusión es que no es inocuo perder peso durante la lactancia. Las ganas de recuperar rápidamente una silueta sexualmente atractiva nos enfrentan de nuevo a las contradicciones propias de la familia nuclear monogámica.”

 

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