¿Pueden tener derechos los bebés?

Hace tiempo se entabló una sana polémica entre dos mamás blogueras, me pareció muy interesante seguirla y sigue pareciéndomelo, así que lo comparto aqui con todas vosotras. De seguro será una fructífera lectura.

El texto está tomado del blog Tenemos Tetas y escrito Por Ileana Medina Hernández
Para leer la polémica completa, seguir este orden:

1.- Elizabeth Badinter: las claves del debate, por Ileana Medina.
2.- Sobre feminismo y bebés, por María Berrozpe.
3.- Mujer vs. Madre, por Una mamá española en Alemania
4.- Unas respuestas… por María Berrozpe
5.- La maternidad: el conflicto y la culpa, por Ileana Medina.
6.- Respuesta a la polémica, por Una mamá española en Alemania.
7.- Segunda tanda de respuestas… por María Berrozpe
8.- Las madres y la biodiversidad, por Misteriosa.
9.- Respuesta a la polémica II (y última por mi parte), por Una mamá española en Alemania

“La verdad te hace libre, pero al principio cabrea”.
Miguel Celades

Este es también, por parte de Tenemos Tetas, el último artículo dedicado a la polémica que hemos mantenido desde este blog con Una mamá española en Alemania.

A partir del hecho de que “Una mamá española en Alemania” criticara en su blog directamente a éste, quise –no sé si lo conseguimos– alimentar deliberadamente y con criterio periodístico una polémica seria, con argumentos profundos y respetuosa en la forma, que pudiera aportar algo nuevo, algo distinto a los típicos debates que se mantienen en foros y blogs sobre crianza.

Me gusta la posibilidad de que las madres blogueras nos inspiremos unas a otras, que se establezca un diálogo, no para estar defendiendo cada uno lo suyo y mucho menos para descalificarnos mutuamente, sino para inspirarnos a hacer nuevas y valiosas reflexiones. Estos son temas que no se tratan en los medios de comunicación tradicionales, y el espacio de la blogosfera da un marco idóneo para darles la importancia que merecen.

Creo que “una mamá en Alemania” ha partido de un presupuesto falso (y difícil para establecer acuerdos): que las personas que defendemos la lactancia materna, el parto respetado y la crianza con apego, acusamos directamente a otras familias, que usamos “armas arrojadizas”, que queremos imponer a toda costa “nuestra forma de criar” o que tenemos una guerra contra ellas que queremos vencer. “Te acuso de acusarme”, y así hasta el infinito. Creo que Misteriosa en su artículo, en el fondo, también opina lo mismo. Que tanto unas como otras atacamos “las diferencias”, que queremos que todas las familias sean iguales a nosotros, que atentamos contra el derecho de otras familias a asumir la crianza de otra manera.

Quizás tendremos que cuidar más el tono y las palabras elegidas, aunque al final, nunca podemos controlar lo que otras personas puedan pensar. En última instancia, soy responsable de lo que digo, no de lo que no digo y los demás quieren interpretar. Tengo mi conciencia tranquila porque no tengo la intención de “culpabilizar a nadie”, jamás he dicho que “los besos de otras madres valgan menos” ni nada parecido. Jamás hemos hablado de “malas madres”, sólo intentamos ofrecer información y análisis de aquellos aspectos de la maternidad que consideramos importantes: como la lactancia, el sueño infantil o la necesidad de contacto de los bebés.

No ha habido aquí ataques directos a nadie, ni por mi parte, ni por las colaboraciones, ni por los comentarios de los lectores. Los lectores de este blog no tienen siquiera demasiado interés en dejar sus comentarios sobre este tipo de polémicas, como puede apreciarse.

Creo que aquí se solapan varios problemas:

1.- El primero, la diferencia entre la libertad de expresión y la restricción de derechos.

En el Artículo 19 de la “Declaración Universal de los Derechos Humanos”, se lee: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y de recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.”

¿Qué tendríamos que hacer entonces con nuestras opiniones? ¿No tenemos derecho a expresarlas quienes pensamos de este modo, porque otras personas pueden sentirse mal al leer que “la lactancia materna ayuda a construir el vínculo que los bebés necesitan para su desarrollo” (y de ahí se le ocurre interpretar que yo la estoy “acusando” de que ella no quiere a su bebé por no amamantarlo), o que “un bebé de pocos meses se siente “abandonado” cuando se le deja en la guardería” (y de ahí interpreta que ella es una mala madre por abandonar a su bebé)?

Si eso es entendido como un “arma arrojadiza” directa contra las personas que eligen las guarderías, pues jamás podría opinarse sobre nada. ¿Si a alguien se le ocurre decir que “consumir manteca de cerdo aumenta el colesterol”, todos los que comemos cerdo nos sentiríamos “atacados” y tendríamos que prohibir que esa información se difundiera?

Si tú te sientes mal por algo que yo digo, eso no es razón para prohibirme que lo diga (a no ser que sea un delito de injurias o violación del derecho al honor), o no podría decirse jamás nada. Yo no voy a tu casa a decírtelo. Con no leerme tienes. Es la lógica primaria de la libertad de expresión como derecho.

Creo además que el hecho de que defendamos, con más o menos vehemencia, cada uno lo que piensa, desde el respeto, sin insultos ni calificativos despectivos, tampoco es un ataque a la diversidad, más bien lo contrario: es darle lugar a la diversidad, que se hable de estos temas, que se lleven a la agenda de la opinión pública, que se les dé visibilidad, que se inspiren nuevas reflexiones.

Yo no le quito el derecho a la Badinter o a Mamá en Alemania, ni a Estivill ni a nadie, a decir y publicar lo que piensan. En cambio, Mamá en Alemania está pretendiendo que nosotras dejemos de expresar lo que pensamos, porque sería “ruin”, porque sería “un ataque”, un “hurgar en las heridas”, un “arma arrojadiza”…  etc.

Nosotros no abogamos porque se restrinjan los derechos de cada familia a actuar como quiera, sólo comentamos que hay ciertas prácticas que nos parecen beneficiosas para los niños (y otras perjudiciales). De ahí a “restringir derechos”, hay un buen trecho.

Repito que, en la práctica, las políticas de apoyo a que la mujer vuelva pronto al trabajo, a que se dé biberón, etc… son apoyadas por todos los poderes públicos (y más aún por los fácticos poderes económicos). Las madres (y padres) que eligen esas opciones, están no sólo legalmente amparados, sino apoyados por la aplastante mayoría de las lógicas existentes. “Los otros” somos una inmensa “minoría” de gente sin medios de comunicación ni más recursos para expresar nuestras ideas que unos blogs que nadie lee :-).

En la entrada del Instituto de Igualdad del Gobierno de Canarias que veo todos los días, puede verse un inmenso cartel que dice “CRECEMOS EN IGUALDAD”, y muestra a un rozagante padre dando un biberón a su bebé. Es la política oficial apoyada por todo el mundo en este momento.

2.- La velocidad de los acontecimientos

El segundo problema que veo es que estos son temas “nuevecitos”. Son temas de los que no se ha hablado nunca a lo largo de la historia, que apenas tienen espacio en los medios de comunicación tradicionales, y que se empiezan a investigar por la ciencia hace sólo un par de décadas. Son temas poco conocidos y que no se les ha dado espacio, como sí ocurre por ejemplo, con otros temas de opinión candentes, como la política o la religión.

Cuando un tema es nuevo, cuando nuevas verdades salen a la luz, la primera reacción es de incredulidad, de burla, o de directa negación. Siempre alguien se siente perjudicado por nuevos conocimientos, y prefiere mantener los que ya tenía. “Toda verdad pasa por tres etapas. La primera es ser ridiculizada. La segunda es recibir una violenta oposición y la tercera es ser aceptada como evidente”, dijo Schopenhauer.

La crianza se ha metido en el mismo saco de lo “doméstico”, al lado de las tareas domésticas, y se ha asociado al mismo irritante mundo de la “dominación femenina”, y por esa razón, poco se ha hablado de ello. O cuando se habla, es para quitárnosla de encima, igual que fregar o planchar. Pero no. Hay una gran y abismal diferencia entre cuidar un bebé y limpiar la casa, como todos sabemos.

Los acontecimientos ocurren muy rápido. No hace aún un siglo que las mujeres alcanzamos, por ejemplo, el derecho al voto. Estoy de acuerdo con Mamá Española en Alemania en que las reinvindicaciones de las feministas clásicas aún son necesarias. No es la primera vez que digo en este propio blog que la igualdad de derechos está aún muy lejos de alcanzar. Pero a veces la igualdad está muy mal entendida.

Es fácil, con esta velocidad de acontecimientos, caer en una especie de falacia pre/trans (concepto de Ken Wilber) y pensar que es lo mismo el pre-feminismo que el pos-feminismo, que las madres que defendemos hoy la libertad del parto y la crianza con respeto a las necesidades de nuestros bebés, somos “neomachistas”, que somos cómplices de la Iglesia y de los cromañones machistas que todavía quedan por ahí,  y que con nuestros actos contribuimos a que la mujer siga encerrada en casa.

Nada más lejos.

Igual que Misteriosa, no tuve jamás especial vocación de ser madre. No soñaba con casarme ni con tener hijos.  Crecí y me eduqué bajo un régimen comunista, donde la igualdad (y el igualitarismo) son casi religión (flotando en un espeso machismo tropical). Fui el primer expediente en mi colegio desde la primaria hasta la universidad. Me apasiona escribir, enseñar, aprender, investigar. Mi madre era profesora universitaria de Física, y mi padre es quien cocina en casa. Yo ya era periodista y profesora a los 23 años, y no he dejado nunca de trabajar. La mayoría de las madres que defendemos hoy la crianza con apego somos mujeres que hemos estudiado, que leemos y que nos preparamos. No creo que nadie pueda pensar que defendemos el hecho de que las mujeres vuelvan a estar recluidas en casa, limpiando suelos. Cuando estaba embarazada de mi hija, pensaba que era lo mismo la teta que un biberón, y me daba igual la baja maternal dos meses o cuatro, eran temas en los que no había pensado.

¿Qué me pasó entonces?

Que choqué con la demanda y las necesidades de mi bebé. Cuando todo el mundo me decía que “¿hasta cuándo le iba a seguir dando la teta? me di cuenta de que a ella le encanta, que la necesita, que la desea y la hace feliz, y que a mí también me hace feliz.

Como me gusta hacer con todos los temas que me interesan, me puse a investigar.

Y me encontré con un sinfín de interesantes investigaciones, con libros importantes, con otras madres… que me ayudaron a comprender mejor a mi bebé, a entender qué es lo mejor para ella, qué es lo que sucede en su cuerpo y en su cerebro durante los primeros meses y años de vida. Y qué sucede con el cuerpo y el cerebro de la mujer durante el embarazo, el parto y el puerperio, algo que la sociedad machista jamás había investigado.

Me topé con una gran oleada de mujeres y madres sensibles, cultas, inteligentes y avanzadas que defienden también lo mismo. Y supe que aquí hay “ropa tendida”.

Ah, me dije!!! Qué maravilla. Ahora empiezo a comprender un poco mejor al ser humano. Hasta que no supe cómo funcionan los bebés, no comprendía nada.

Pero resulta que hay otro grupo de mujeres, que ahora dicen que no. Que no se puede investigar ni averiguar cómo son los bebés humanos. Que esas investigaciones no tienen fundamento y no se pueden difundir. Que a la ciencia no siempre se le puede hacer caso. Que si difundo estas investigaciones y opiniones estoy atentando contra los derechos de las mujeres, aumentando su culpabilidad, usando a sus propios bebés contra ellas como “armas arrojadizas”. Que de cómo son los bebés humanos no se puede hablar. No queremos saber nada: “cada bebé es un mundo”. “El miedo a saber es, en el fondo, miedo a hacer, porque todo conocimiento entraña una responsabilidad”, dijo Maslow.

Tengo la impresión de que un discurso parecido deben haber mantenido los reaccionarios, allá por el siglo XIX, cuando a alguien se le ocurría decir que las mujeres también pensaban. Habrá quien dijera que no se podía hablar de los derechos de las mujeres. Que no se podía difundir. Que eso atentaría contra los derechos de los hombres.

Y me doy cuenta de que algo no encaja aquí. De que algo sucede. De que aquí está la clave del conflicto entre feministas y posfeministas, entre feministas de la igualdad y feministas de la diferencia, entre la crianza adultocéntrica y la crianza con respeto a las necesidades del bebé.

3.- Aparece un nuevo SUJETO: el bebé humano.

Dije por ahí en otro post, que efectivamente, se trata de “un huracán de transformaciones en el siglo XX que todavía no ha hecho sino comenzar, venidas de la ampliación del espectro del respeto a las diferencias individuales, del reconocimiento y la incorporación progresiva al mundo público y socio-laboral de todos los seres humanos diferentes del macho-adulto-blanco-rico-heterosexual-europeo-cristiano. Entiendo que son demasiados “derechos” a la vez para echarlos a andar juntos en tan poco tramo de tiempo.”

Entiendo que es muy poco tiempo. Que las mujeres aún no nos hemos asentado como sujetos de pleno derecho. Que falta mucho aún para obtener plena igualdad de derechos que los hombres. Pero me pregunto si es justo, si es moral, y si es generoso, que las mujeres conquistemos nuestros derechos a costa de los derechos de otros, aún más indefensos que nosotras: los derechos de los bebés.

Dice “una mamá española en Alemania”:

“Si se está luchando para que las mujeres puedan ejercer su maternidad (criar) como les plazca, o sea, para que adquieran derechos, estos no se pueden definir y construir exclusivamente basándonos en los derechos/necesidades del niño (ser criado), porque entonces los derechos de las mujeres en cuanto a su maternidad dependen de los derechos de los niños. Si se hace así (que es como estáis argumentando) se están, nuevamente, supeditando los derechos de las mujeres a los de otros individuos. Y esto (por muy valiosos e indefensos que sean y estén estos individuos), por definición, no puede ser feminista.”

Si es feminista o no, para mí es lo de menos. Las etiquetas me importan un comino. Pero al leer esto pensé que es un razonamiento aparentemente bien hecho. Me recordó a un debate anterior que mantuve con una mamá que se autodefine como eco-feminista, y pude entender mejor una frase que ella pronunció entonces.

¡¡¡Se me acabó de hacer la luz!!! Voilá:

La hipótesis principal de la reacción contra la defensa de la lactancia y la crianza con apego es que no se puede pensar la maternidad desde el punto de vista de los derechos de los bebés, porque eso “atenta contra la mujer como sujeto.”

Vamos pues a intentar analizar esta problemática.

Los derechos de la infancia son bien recientes. Todavía más recientes que los de las mujeres. Hay una historia por ahí, no sé cuánto tendrá de cierta, de que los derechos de la infancia se plantearon a partir de que algún abogado tuvo que tirar mano de los derechos de los animales para defender a un niño.

Los derechos de los niños, al igual que los derechos de todos los seres humanos, se van ampliando cada vez más. Es evidente que los niños y bebés no son seres independientes. No pueden defender ellos mismos sus derechos.

Otra cosa es evidente: los niños y los bebés no son “otros”: BEBÉS Y NIÑOS FUIMOS, SOMOS Y SEREMOS TODOS. Defender los derechos de los bebés y los niños es defender los derechos de NOSOTROS MISMOS.

Si los bebés no pueden defender ellos mismos sus derechos ¿quiénes los pueden defender y en base a qué?

-Los adultos, sobre todo las mujeres y madres que les gestan, que son el PRIMER ENTORNO y el PRIMER HÁBITAT donde se desarrollan los bebés. Debería ser un contenido “feminista” que las mujeres incluyamos en nuestras reivindicaciones, los derechos de nuestras criaturas. De hecho, hasta que las mujeres no salimos al espacio público, los derechos de los niños no tomaron cuerpo.

-¿En base a qué? En base a los derechos humanos universales, a criterios morales y éticos, y en base también, a los descubrimientos científicos más recientes. Las mujeres teníamos que llegar al espacio público, al poder y a la ciencia ¡¡¡para cambiarlos!!! No para que siga todo como está. No “quítate tú para ponerme yo”. Sino para ampliar la sensibilidad hacia todos los sujetos ignorados de la historia. Entre ellos, y especialmente, los bebés humanos.

La ciencia actual estudia por primera vez la plasticidad neuronal, las hormonas de la felicidad, el papel de la oxitocina en las relaciones sociales, la sexualidad femenina, lo que ocurre durante el embarazo, el parto y los primeros meses de vida. Y todo apunta hacia el mismo sitio: la salud primal es fundamental para el resto de la vida, y para la salud primal, es fundamental: el NACIMIENTO respetado, la LACTANCIA materna, el CONTACTO físico y el TIEMPO dedicado a los bebés.

Los bebés necesitan amor y oxitocina natural para ser saludables (el listón de lo “saludable” está también cada vez más alto), para formar su esqueleto emocional, para construir mejor su cerebro, para llegar a ser adultos óptimos. El amor los bebés no lo reciben como algo abstracto ni como algo que está en mi cabeza mientras estoy en otra parte, el amor a los bebés se plasma en unas conductas concretas.

Reconocer esto no priva ni limita los derechos de ninguna mujer ni de ninguna familia a actuar como mejor crea, o como mejor pueda y sepa, dentro de los únicos límites de la ley. Ni atenta contra la diversidad de opiniones en la crianza, ni le quita a los padres la posibilidad de elegir entre miles de formas posibles de criar.

Cada uno es madre o padre como mismo es persona. Con sus miles de gustos e inclinaciones, con sus virtudes y defectos, con su carácter y sus limitaciones, con su menor o mayor capacidad emocional, con su historia personal a cuestas. Pero, en medio de esta obviedad, debemos intentar “hacerlo lo mejor posible”, que para mí significa hacerlo con la mayor cantidad de amor; de respeto a las necesidades del otro; de conocimiento, preparación y estudio; de revisión propia y crecimiento personal, de apertura mental, de rompimiento de esquemas, de disponibilidad y generosidad, QUE CADA UNO SEA CAPAZ.

La escuela y la sociedad en general será cada vez más violenta e irá cada vez peor, si la familia se resiente, si la presencia con nuestros hijos disminuye, si todos salimos a trabajar de sol a sol y nuestros niños durante todo el día carecen de presencia paternal, de amor, de mimos, de mirada exclusiva, de contacto físico, de seguridad emocional, y de entorno amoroso y no competitivo.

“¿Qué necesitan los niños? Simplemente adultos capaces de interrogarse, de cuestionarse, de revisar las propias historias, padres que tengamos ganas de explicar con palabras simples eso que nos pasa y también deseosos de entender aquello que les sucede a los niños. Si pudiéramos hacerlo, sería simplemente un tesoro para la infancia de nuestros hijos.” ha dicho Laura Gutman.

Creo que ninguna persona en su sano juicio puede sentirse atacado por esto. Cada una hace lo que mejor entienda, o lo que mejor pueda, claro que sí. Ninguna familia es perfecta, ninguna madre es la madre “ideal”. Todos tenemos limitaciones y nos equivocamos, todos buscamos “conciliar” nuestros derechos con los derechos de las personas que queremos, de la manera que mejor sabemos.

Una cosa es que todos digamos: bien, yo sé que la lactancia es lo mejor pero no puedo hacer otra cosa; o bien, yo sé que la guardería no es lo mejor, pero no tengo otra solución, intento compensarlo con otras cosas…que es lo que todas las madres hacemos…

Y otra cosa bien distinta es que el Ministerio de Educación español diga que la escolarización de 0 a 3 años “es un elemento clave para el posterior éxito escolar de los niños”. Una cosa es que digamos que “es preferible un biberón con amor que una teta con disgusto”, y otra cosa bien distinta es que los llamados Institutos de Igualdad digan que para “crecer en igualdad” los niños deben ser alimentados con biberón por sus padres, cuando la lactancia materna es lo mejor indudablemente para ellos.

Es evidente, que estamos muy lejos, muy lejos aún, de que la sociedad en su conjunto piense realmente en los niños pequeños y en los bebés.

El panorama es el que describe muy bien Misteriosa en su post “Mamis contra corriente”. Un panorama bien lejano de lo que sería deseable para intentar “conciliar” los derechos de las madres al trabajo (algo indiscutible hoy en día) y los derechos de las criaturas -que somos todos, que es el futuro- a gozar de la mejor salud primal… y para garantizar los derechos de las familias que quieran criar con apego y presencia.

Para que los derechos de todas las familias a criar del modo que quieran se cumplan, es necesario exigir a los poderes públicos dos cosas fundamentales:

-protocolos de partos respetados en los hospitales

-bajas maternales (y/o paternales) más largas.

Esas dos cosas no atacan en nada a las madres que eligen incorporarse a los 4 meses al trabajo (pueden hacerlo si así lo desean o lo consideran mejor para su equilibrio familiar), ni a quien quiera parir con cesárea programada o con epidural (nadie se lo prohibe), y por el contrario sí incluirían los derechos de las madres que quieren parir sin intervenciones innecesarias o permanecer más tiempo con sus hijos.

Son incluyentes, y no excluyentes. Y para defenderlos, tenemos que echar mano de los derechos de los bebés a recibir lo que realmente es mejor para ellos, a lo que dice la ciencia, y a lo que dice nuestra conciencia. No veo otro modo.

Así que, aprovechando que casualmente mañana 7 de junio la Plataforma Pro Derechos del Nacimiento propone celebrar el Día Mundial de los Derechos del Nacimiento, digo que sí, que claro que los bebés tienen derechos, que los Derechos del Nacimiento deberían sumarse a los Derechos Universales de los Niños, que la sociedad en su conjunto debe velar por combinar realmente los derechos de todos, incluyendo los de los bebés; que todos, hombres y mujeres tenemos que contribuir a elevar el nivel social de respeto a las necesidades emocionales profundas de los niños y bebés;  buscar fórmulas para que las mujeres podamos reincorporarnos al trabajo con todos nuestros derechos intactos tras el disfrute de la maternidad;  que los poderes públicos deberían apoyar que las familias puedan acercarse todo lo que puedan a hacer realidad estos derechos, y que la sensibilidad general de la sociedad debe ir -e irá- encaminada cada vez más a que todos los seres humanos podamos NACER MEJOR, y vivir mejor nuestros primeros meses y años de vida.

Concluyo reproduciendo pues el Decálogo de los Derechos del Nacimiento:

Primero: El bebé tiene derecho al reconocimiento de su capacidad física y emocional, en su vida intrauterina y extrauterina y, especialmente, durante el tránsito entre ambas.

Segundo: El bebé intraútero tiene derecho a que el bienestar emocional de su madre no sea alterado por un exceso y abuso de controles durante la gestación.

Tercero: El bebé y su madre tienen derecho a que se respeten el momento, ritmo, ambiente y compañía en el parto-nacimiento y a que el mismo transcurra de forma fisiológica. Un bebé y madre sanos tienen derecho a no ser tratados como enfermos.

Cuarto: El bebé y su madre tienen derecho a intimidad y respeto antes, durante y después del nacimiento-parto.

Quinto: El bebé y su madre tienen derecho a permanecer juntos en las horas y días siguientes al nacimiento. Ninguna exploración ni estancia hospitalaria justifica la separación de ambos.

Sexto: El bebé tiene derecho a disfrutar de lactancia materna a demanda, al menos, durante el primer año. A que durante su estancia en hospital se respeten los “10 pasos para una lactancia feliz” establecidos por UNICEF y la OMS y recomendados por la Asociación Española de Pediatría.

Séptimo: El bebé tiene derecho a ser atendido personalmente por su madre, como mínimo, durante el primer año. La madre tiene derecho a disfrutar del contacto íntimo con su bebé cuanto crea necesario..

Octavo: El bebé prematuro tiene derecho a permanecer pegado al cuerpo de su madre hasta que adquiera el peso y las condiciones optimas de salud. Ninguna unidad de neonatología es más saludable para el bebé que la piel materna.

Noveno: El bebé tiene derecho a permanecer pegado al cuerpo de su madre durante los primeros meses de vida extrauterina. El contacto cuerpo a cuerpo es vital para instaurar en él la seguridad y la confianza.

Décimo: El bebé tiene derecho a que sean sus padres quienes personalmente tomen las decisiones y quienes para ello busquen la información relacionada con su bienestar.

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Una respuesta a “¿Pueden tener derechos los bebés?

  1. A mi el planteamiento de Ileana me parece irrefutable. Además creo que hay una noble intención en aportar información sobre estos temas, frente a una sociedad absolutamente dirigida en una única dirección. Los que damos de mamar más allá de los seis meses, los que educamos en casa, los que escuchamos a nuestros hijos, los que les permitimos decidir, los que respetamos sus tiempos, los que acompañamos sus procesos vitales, etc. debemos acostumbrarnos a escuchar: pero si ya es muy grande, si es mayor y todavía con esas, mi hijo a su edad ya… está muy mimado, lo mejor es…, no sabes lo que estas haciendo con tu hijo, ya estas con estas, y un largo etcétera. Los que no educamos como la mayoría hace en este momento (estoy convencida de que dentro de poco la educación tendrá que cambiar) estamos tan presionados, a veces hasta perseguidos (homeschooling) que resulta irónico, aunque sea comprensible, la sensibilidad de la que hacen gala muchos padres. De todas maneras, esos sentimientos de culpa que plantean algunas madres tienen su origen en alguna parte y lo interesante sería saber de dónde vienen.

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