La mayoría de madres y padres sigue recurriendo a los azotes

Nada justifica una bofetada, el maltrato aunque sea leve, sigue siendo maltrato y un modo de dar escape a nuestra ira, pero no vale escudarnos en el “es por su bien”, no lo es, se puede y se debe educar desde otros parámetros. Nuestros hijos merecen lo mejor, y lo mejor no es una bofetada a tiempo.
Artículo publicado por Criando amando

Pocas cosas han cambiado en nuestro país, al menos en lo referente a la educación de los hijos. Porque, tal y como acaba de poner de manifiesto uno de los primeros trabajos sobre prevalencia del castigo físico dentro de nuestras fronteras, la mayoría de madres y padres sigue recurriendo a los azotes como método para ‘enderezarlos’ en la preadolescencia.

Vía: El Mundo Patricia Matey | Madrid Actualizado 15/11/2010

Prueba de ello son los testimonios de un total de 1.070 universitarios de la Comunidad de Madrid, que forman parte del Estudio Internacional de Paternidad, un proyecto llevado a cabo por un consorcio de investigadores que están analizando los modelos educativos en 20 países del mundo.
“El castigo corporal (CP, según sus siglas en inglés) es probablemente el tema más controvertido en la literatura sobre disciplina de los padres… En las últimas décadas numerosos estudios han encontrado muchas consecuencias psicológicas negativas”, aclaran los autores de la investigación, liderados por Manuel Gámez Guadix, de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid, en el último número de número de ‘Psicothema’ .

Este especialista reconoce a ELMUNDO.es que “el castigo físico incluye el empleo de la fuerza como forma de corrección o control del comportamiento de los hijos. A diferencia del maltrato físico, la mayoría de los padres (y por extensión de la sociedad) lo ven como una forma adecuada y aceptable de educar a sus hijos. Incluye el típico azote, la bofetada o el cachete. Además, estas conductas suelen producirse en un contexto parental negativo e ir acompañadas de agresión psicológica, lo cual puede incrementar la probabilidad de que aparezcan consecuencias psicológicas adversas. Según nuestras estimaciones, la mayoría de los padres emplea el azote, la bofetada o el cachete una media de más de 10 veces al año “.

De hecho, una reciente encuesta llevada a cabo por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) “destapó que el 60% de la población española está de acuerdo en dar una bofetada a un menor con el objetivo de evitar problemas mayores más tarde. Encontró tambiém que el 49,1% reconoció haber recibido un azote en alguna ocasión y que el 27,9% había recibo una bofetada ‘a menudo’ o ‘a veces’ por parte de sus padres”.

Para el profesor de la Universidad Autónoma, “algunas ideas como ‘más vale un azote a tiempo’ o ‘la letra con sangre entra’ reflejan la aceptación social de la disciplina física. Sin embargo, cabe señalar que no usar el castigo físico no significa falta de control o de normas, sino más bien lo contrario. Los niños necesitan control, supervisión y disciplina constante, estrategias que, según numerosos estudios, son más eficaces que el azote y la bofetada. Estas estrategias incluyen el razonamiento verbal, el refuerzo del comportamiento adecuado y la aplicación de castigos no físicos cuando sean necesarios (tiempo fuera, coste de respuesta, retirada de privilegios, etc.).

En el nuevo estudio, los participantes, con una media de edad de 21 años, habían vivido con ambos padres durante la adolescencia. Todos respondieron a cuestionarios que trataron de medir el castigo físico cuando tenían diez años a través de preguntas cómo ¿con qué frecuencia tu padre/tu madre te abofeteaban? o ¿cuándo usaban una correa u otros objetos para golpearte? Asimismo se indagó sobre la agresión psicológica mediante cuestiones como: ¿Con qué frecuencia te han gritado? ¿Cuántas veces te has sentido culpable o avergonzado? o ¿cuántas te han dicho que eras torpe, vago..? También se indagó sobre cómo calificaban los hijos el comportamiento educativo de sus padres.

Educar a los padres

Los datos revelan que el 63% de los universitarios había sufrido algún castigo corporal a los 10 años (más por parte de sus madres que por sus padres) y un 81% agresiones psicológicas, como medio para corregir su mal comportamiento. Pese a lo elevado de estas cifras, y tal y como documentan los estudiantes, “el 84,8% de las madres y el 78,9% de los padres aplicaron este tipo de castigos para corregir el comportamiento de sus hijos y el 85,3% de ellas y 82,7% de ellos habló de cosas que demostraban el cariño y el apoyo a sus vástagos”, recuerdan los investigadores.

Reconocen “que el CP y la agresión psicológica tienden a ir de la mano , ya que casi nueve de cada diez padres que usaron la bofetada o el azote, también emplearon la agresión psicológica”. Parece que, en general, “estos hallazgos indican que hay un grupo de progenitores que tiende a confiar más en las tácticas agresivas para educar al menor que en las estrategias de crianza positivas”.

Por este motivo creen que hay que alentar a los padres a abandonar el castigo físico y la agresión psicológica para corregir el comportamiento de los hijos y una buena vía pueden ser las Escuelas de Padres. Para el autor principal de la investigación, “son numerosas las iniciativas que podrían llevarse a cabo sensibilizar a los padres y a la sociedad y reducir así el uso del castigo físico y fomentar el empleo de métodos de disciplina adecuados. Un primer paso consiste en actuar conjuntamente con distintos agentes sociales, incluyendo los propios hijos, los padres, la familia, los profesores y los educadores.”

Cree, asimismo, “que estas iniciativas deberían poner el acento en las estrategias educativas efectivas, como el establecimiento de límites, el control y las normas, así como en el razonamiento y la negociación. Este tema ha de ser enfocado como una cuestión de pautas educativas y no como una cuestión de violencia. En este sentido, creemos que no se puede culpabilizar o demonizar a una generación que recibió y fue educada en el uso del castigo físico, sino más bien señalar que hoy conocemos mejor los modos más adecuados de corregir y educar a los hijos”, agrega.

Por último, deberían “llevarse a cabo campañas educativas que proporcionen a los educadores y padres diferentes habilidades prácticas para el manejo de situaciones de riesgo, tales como estrategias de resolución de conflictos, de negociación o de manejo de la ira”.

Publicado por Mª Covadonga Mora Delgado 

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