Eva Piquer: “La mujer ha salido de casa, pero el hombre no ha terminado de entrar”

Conciliar vida familiar y laboral sigue siendo el gran quebradero de cabeza de las madres, personalmente creo que no basta con que el hombre “entre” hace falta una toma de conciencia de toda la sociedad.

Eva Piquer nos brinda su solución en un libro acabado de editar, ¿os vale?

Artículo tomado de La Vaguardia

La escritora y periodista acaba de publicar el libro ‘La feina o la vida’ donde reflexiona sobre la conciliación de la vida profesional y familiar

Albert Domènech | Barcelona | 10/11/2010 | Actualizada a las 02:49h | Ciudadanos

Eva Piquer es escritora y periodista. También es madre de cuatro hijos. Su experiencia personal le ha llevado a escribir un libro en el que señala que la famosa conciliación laboral y familiar es una leyenda urbana, según la autora, “se habla mucho de ella pero nadie la ha visto”. En su libro La feina o la vida, Piquer reflexiona sobre la maternidad, los niños y las dudas que imperan en la sociedad actual sobre cómo educar a los hijos a la par que uno se intenta abrir un camino profesional. Un problema que no tiene ningún reparo en admitir que afecta especialmente a las mujeres, que son las que tradicionalmente “tienen que decidir entre el trabajo o la vida”, una conjunción que , según Piquer, “tarde o temprano acabará siendo copulativa.

Piquer ganó el premio Josep Pla con la novela 'Una victòria diferent'
Piquer ganó el premio Josep Pla con la novela ‘Una victòria diferent’ /   Ruth Marigot

-El trabajo o la vida. ¿Cuándo pasaremos de la disyuntiva a la copulativa?
-A mi también me sabe muy mal tener que utilizar esta “o”. Yo y todas las mujeres de mi generación estábamos convencidas de que podríamos llegar a todos los sitios y que no llegaría el momento en que nos tendríamos que plantear decidir entre una cosa o la otra. En el segundo capítulo del libro digo que el objetivo es el trabajo y la vida, que no tengamos que renunciar a nada. Sí que es cierto que llega un momento en el que te das cuenta de que las mujeres, porque sobre todo es un dilema al que se enfrentan las mujeres, nos vemos obligadas a escoger. El trabajo o la vida tiene un punto de exageración pero es cierto que lo que tenemos que hacer es renunciar a cosas. Tenemos que renunciar o a tener hijos, o a no tener tantos como querríamos, o a verlos menos, o a ciertas aspiraciones profesionales que seguramente nos merecemos. Es un dilema que a mi se me ha planteado con cada nuevo hijo que he tenido y que me ha sorprendido.

-Ya lo veo…
-Sí, porque te digo en serio que pensaba que no tendría que renunciar a nada y podría llegar a todos los sitios. También es cierto que algún desaprensivo disfrazado de feminista nos vendió la moto de que las mujeres ambiciosas podíamos llegar a todos los sitios…

-Sí, el mito de la superwoman
-Exacto, pero creo que esto de las superwomans es una estafa. El día tiene las horas que tiene y no llegamos a todo. La revolución femenina ha sido importante y ha hecho muchas cosas bien, pero a veces en nombre de esta revolución hay una serie de mujeres del mundo actual que nos pasamos el día corriendo de un sitio para otro, con la lengua hasta los pies y con la culpabilidad de bufanda porque siempre nos sentimos culpables de no llegar donde es imposible llegar.

-La culpabilidad es un concepto que utiliza mucho durante todo el libro. Asegura incluso que es lo que diferencia la sociedad actual de las generaciones anteriores en cuestiones de conciliación laboral…
-Sí, las mujeres de la generación de mi madre no tenían tantas comodidades materiales a la hora de cuidar a los hijos y a la vez no se sentían realizadas profesionalmente. No es que ellas fueran más felices que nosotras, pero en el tema de la crianza de los hijos tenían tiempo para estar todo el día con sus hijos y no tenían este sentimiento de culpa que ahora llevamos encima la mayoría de las mujeres. Es algo que castiga mucho. Cuando estamos en el trabajo nos sentimos culpables por no ir a buscar a los hijos al colegio y si nos escapamos para buscar a los niños al colegio nos sentimos culpables porque tendríamos que estar trabajando.

¿Quién es el responsable de que ustedes acaben sintiéndose culpables?
-El entorno social no ayuda, si existieran una medidas reales de conciliación laboral y familiar podríamos aligerar mucho más esta culpabilidad. De conciliación se habla mucho, y parece que es una palabra que está de moda, pero yo digo que es una palabra fantasma, porque se habla mucho de ella pero nadie la ha visto. No conozco a nadie que me diga que sabe conciliar bien el trabajo y la vida. Todas las mujeres que conozco se siente culpables porque piensan que no lo están haciendo lo bastante bien. Tenemos la palabra en el espacio público, se habla de ella, pero creo que aún no es ninguna realidad.

-Cuando hablamos de conciliar lo hacemos siempre en género femenino. En este sentido la revolución de la mujer parece haber servido de poco…
-Parece que los hombres no tengan vida familiar, y este es uno de los problemas que hay. Creo que para que todo cambie necesitaríamos unas ayudas a la maternidad y a la paternidad mucho más elevadas y tendría que haber una implicación mayor de la parte masculina de la población en todo el tema doméstico y de crianza de los hijos. El problema es que las mujeres del mundo occidental entramos en masa en el ámbito laboral pero teníamos tanta prisa para demostrar que éramos igual de válidas que los hombres, que pedimos muy poca cosa a cambio. Los hombres están muy mal acostumbrados pero, ¿cómo convences ahora a la mitad de la población que tiene que entrar en casa y ponerse a hacer lavadoras y a separar la ropa blanca de la de color? La mujer ha salido de casa, pero el hombre no ha terminado de entrar.

-Aunque usted asegura que la crisis económica puede, paradójicamente, ayudar a cambiar esta situación…
-Eso dicen, aunque a mí también me cuesta mucho de creer. Dudo mucho que un catacrack económico como este pueda tener consecuencias positivas. Pero sí que es cierto que por culpa de la crisis hay hombres que se han quedado sin trabajo y están más tiempo en casa, por lo que quizás descubran que dentro de casa hay tareas que hacer, y además, hay la parte de la crianza de los hijos y no saben lo que se están perdiendo. Quizás ahora lo descubran y vean que se encuentran bien. También hay mujeres que hasta ahora no trabajaban y que se han tenido que poner las pilas e ir a buscar trabajo. De ahí que la crisis pueda relativizar un poco esta desigualdad que aún tenemos.

-Le cito ahora textualmente. “Cada hombre es una revolución interior pendiente”. No sé si ahora generará muchos amigos…
-Sí, parece un eslogan de Ikea, sí. Creo que la mayoría de hombres están a favor de la igualdad entre hombres y mujeres, lo que pasa es que una cosa es la teoría y otra la práctica. A pesar de que está cambiando, y las nuevas generaciones se implican más, pienso que todavía estamos muy lejos de llegar a un 50% del reparto de las tareas domésticas y de crianza.

¿Una madre que quiere tener hijos sigue siendo un problema para muchas empresas?
-Sí, los empresarios tienen miedo a la hora de contratar a una mujer que quiere tener hijos y en cambio un hombre que quiera tenerlos, o que los tiene, posee una mejor imagen, porque queda como una persona responsable y como tiene unos hijos que mantener será un buen trabajador. Para los hombres tener hijos puntúa, es como un mérito, y para una mujer estar en la edad de tener hijos es un obstáculo.

-¿Qué herramientas tenemos para cambiar este discurso machista?
-Hace falta un cambio de mentalidad más fuerte, socialmente hay que favorecer más las bajas por maternidad y paternidad. Ahora son tan pobres que empiezo el libro diciendo que la baja maternal acaba cuando la criatura empieza a respirar. Los países nórdicos tienen unas bajas por maternidad mucho más dignas y la gente no tiene miedo a perder el trabajo. Los hombres tienen que tener claro que la crianza de los hijos y el mantenimiento del hogar también es cosa suya, con esto tendríamos mucho ganado. Si hubiera más mujeres en los cargos directivos de las empresas también sería una buena forma de entender que quizás no hace falta poner una reunión a las nueve de la noche.

-¿Por qué cree que no hay mujeres en los cargos directivos de las empresas?
-Seguramente porque las mujeres nos paramos antes y llega un momento en el que nos damos cuenta de que tenemos que renunciar. Si queremos tener hijos y un trabajo nos resignamos a tener trabajos inferiores de los que nos mereceríamos.

-Renunciar. Ahora mismo se nos hace difícil pensar en un caso en el que sea el hombre el que renuncie a un trabajo para tener hijos…
-Sí, ahora mismo son excepciones, por eso insisto en que lo que hace falta es un cambio de mentalidad y que los hombres entiendan que esto también es cosa suya. Los hijos los tenemos los dos.

-¿Le han calificado alguna vez de heroína por el hecho de tener cuatro hijos?
-No, antes me miran como si estuviera loca (Sonríe). Hace falta un punto de locura para tener hoy en día cuatro hijos. Yo tengo cuatro hijos y estoy encantada de la vida, pero no se lo recomendaría a nadie.

-¿La crianza natural es posible hoy en día?
-Es una tendencia en alza pero que ahora mismo es incompatible con el ritmo de vida que llevamos muchas mujeres profesionales. La idea de que tienes que estar las 24 horas del día dedicada a tus hijos es todo inviable. Lo que sí que es cierto es que los defensores de la crianza natural hacen una cosa que valoro mucho y es que ponen al niño como máxima prioridad. La sociedad tiende a considerar a los niños como una molestia y los defensores de la crianza natural se centran en las necesidades de los niños y los valoran por encima de todo.

-La solución que usted propone es la de la madre a tiempo parcial…
-(Ríe). Sí, siempre digo que practico una crianza medio de plástico, a mi no me aceptarían en el club de la crianza natural.

-¿Cuándo se dio cuenta de que había vida más allá del trabajo?
-Con cada nuevo hijo me he ido dando cuenta. Creo que es una cuestión de edad, más que de hijos, me ha influido la crisis de los 40. Al hacerme mayor valoro cada vez más la vida porque me queda menos, debe de ser eso. (Sonríe).

-¿Si tuviera que escoger ahora entre el trabajo o la vida con que se quedaría?
-Mi objetivo es no tener que escoger entre el trabajo y la vida. Si hace 15 años me hubieras hecho esta pregunta no la hubiera ni entendido porque el trabajo era todo mi vida. Si me hicieran escoger de verdad no tengo claro con que me quedaría.

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